Cuando sembrar arvejas según la luna: la guía clave para una cosecha abundante
¡Hola, amantes de la huerta! Hoy vamos a desgranar los secretos para cultivar uno de los tesoros más apreciados de la huerta: las arvejas. Estas pequeñas maravillas no solo nos regalan un sabor dulce y fresco, sino que también son una fuente fantástica de proteína y fibra. Pero para que nuestras plantas de arvejas prosperen y nos ofrezcan una cosecha generosa, debemos prestar atención a los ritmos de la naturaleza, especialmente a la influencia de la luna. Cuando sembrar arvejas según la luna: la guía clave para una cosecha abundante es fundamental para maximizar su potencial.
La agricultura biodinámica nos enseña a trabajar en armonía con las fuerzas cósmicas, y la luna es una de las más influyentes. Entender su ciclo nos permite optimizar cada etapa del cultivo, desde la siembra hasta la cosecha. Acompáñame en este viaje para descubrir el momento perfecto y las técnicas adecuadas para que tus arvejas alcancen su máximo esplendor.
En qué fase de la luna sembrar arvejas
Las arvejas son, botánicamente hablando, una legumbre, pero en términos de cultivo y su relación con la luna, las consideramos plantas que desarrollan tanto su parte aérea (vainas y semillas) como un sistema radicular importante. Según la «Tabla Maestra Lunar», la fase más propicia para sembrar plantas que benefician su crecimiento aéreo y la formación de frutos es el Cuarto Creciente. Durante esta fase, la energía lunar es ascendente, impulsando la savia con fuerza hacia los tallos, las hojas y, en el caso de las arvejas, hacia el desarrollo de las flores que darán lugar a las vainas.
La energía ascendente del Cuarto Creciente estimula un crecimiento rápido y vigoroso de la parte aérea de la planta. Esto es ideal para las arvejas, ya que buscamos que desarrollen tallos fuertes que soporten la carga de las vainas y que florezcan abundantemente. Al sembrar durante esta fase, estamos alineando el ciclo de la planta con la fuerza lunar que favorece la expresión vital hacia arriba, asegurando un buen desarrollo de los órganos reproductivos y de las vainas que tanto deseamos.
Si bien la Luna Llena es el pico de vitalidad, no es el momento ideal para la siembra de arvejas, ya que se asocia más a la maduración y cosecha. El Cuarto Menguante, por su parte, favorece el desarrollo radicular, lo cual es importante, pero nuestro objetivo principal con las arvejas es la producción de vainas. Por lo tanto, el Cuarto Creciente se erige como la fase óptima para sembrar arvejas, asegurando que la energía lunar apoye directamente la formación y llenado de las vainas.
Época del año que se debe sembrar arvejas
Las arvejas, como muchas hortalizas de clima fresco, tienen una preferencia marcada por las temperaturas moderadas. El calor excesivo puede detener su floración y afectar la calidad de las vainas, mientras que las heladas fuertes pueden dañar las plantas jóvenes. Por ello, la elección de la época de siembra es crucial y está intrínsecamente ligada a las estaciones y a las temperaturas locales.
En el Hemisferio Norte, la siembra de arvejas se suele realizar a principios de primavera, cuando el riesgo de heladas fuertes ha pasado pero el calor del verano aún no aprieta. Generalmente, esto se traduce en los meses de marzo y abril para la siembra directa en el suelo. En algunas regiones, si se desea adelantar la cosecha, se puede empezar con semilleros protegidos a finales de febrero o principios de marzo, trasplantando las plántulas al exterior una vez que las condiciones sean favorables.
Para el Hemisferio Sur, el calendario se invierte. Las arvejas se siembran a principios de otoño, aprovechando las temperaturas descendentes y la humedad del suelo. Los meses recomendados para la siembra directa son marzo y abril. En climas más templados, incluso se puede extender la siembra hasta mayo. Al igual que en el norte, se pueden iniciar semilleros protegidos unas semanas antes para trasplantar cuando el clima se enfríe.
Independientemente del hemisferio, es importante preparar el suelo con antelación. Las arvejas prefieren suelos bien drenados y ricos en materia orgánica. Asegúrate de que el terreno esté libre de malas hierbas y que haya recibido una buena aportación de compost maduro. Busca días con temperaturas frescas y, si es posible, con cierta humedad en el suelo para facilitar la germinación.
Un consejo adicional es observar el pronóstico del tiempo. Si bien las arvejas toleran heladas leves una vez establecidas, es mejor evitar sembrar justo antes de una ola de frío intenso, especialmente si las semillas aún no han germinado. La clave es sembrar cuando la tierra esté trabajable y las temperaturas sean propicias, permitiendo que las plantas se establezcan antes de los extremos climáticos.
Cómo sembrar arvejas

Preparar el terreno es el primer paso crucial. Asegúrate de que el suelo esté suelto, aireado y enriquecido con compost bien descompuesto. Las arvejas agradecen un suelo fértil y con buen drenaje.
Realiza surcos poco profundos, de unos 2-3 cm de profundidad, con una separación de unos 30-45 cm entre ellos. Esto permitirá que las plantas tengan espacio para crecer y para que las vainas se desarrollen cómodamente.
Coloca las semillas de arveja en los surcos, dejando una distancia de unos 5-10 cm entre cada semilla. No las siembres demasiado juntas, ya que necesitarán espacio para desarrollarse plenamente.
Cubre las semillas con tierra suavemente, sin compactarla en exceso. Si el suelo está seco, riega ligeramente después de cubrir las semillas. Un riego suave ayudará a que la tierra se asiente alrededor de las semillas.
Si estás plantando variedades trepadoras, es recomendable colocar tutores o mallas de soporte en el momento de la siembra o poco después, para que las plantas tengan donde aferrarse a medida que crecen. Proporcionar soporte temprano facilitará el crecimiento vertical.
Mantén el suelo uniformemente húmedo, pero no encharcado, hasta que las semillas germinen. Una vez que las plántulas emerjan, ajusta el riego según las necesidades de la planta y las condiciones climáticas.
Preguntas frecuentes sobre el Cultivo de arvejas
¿Qué tipo de abono necesita el arvejas?
Las arvejas son legumbres y tienen la capacidad de fijar nitrógeno del aire gracias a unas bacterias simbióticas en sus raíces. Por esta razón, no requieren un abonado nitrogenado excesivo. De hecho, un exceso de nitrógeno puede promover un crecimiento foliar exuberante a expensas de la producción de flores y vainas. Lo más beneficioso es incorporar compost maduro o estiércol bien descompuesto en el suelo antes de la siembra. Esto proporcionará una liberación lenta y equilibrada de nutrientes, incluyendo fósforo y potasio, que son esenciales para el desarrollo de las raíces y la floración. Si el suelo es pobre, se puede considerar un abono orgánico equilibrado o un té de compost durante la etapa de floración para dar un impulso adicional.
¿Con qué frecuencia se debe regar el arvejas?
El riego es fundamental para el buen desarrollo de las arvejas, especialmente durante la etapa de floración y formación de vainas. La clave es mantener el suelo consistentemente húmedo, pero nunca saturado. Evita que la tierra se seque por completo, ya que esto puede causar estrés a la planta y afectar la producción. Riega preferiblemente por la mañana temprano o al atardecer para minimizar la evaporación y evitar mojar las hojas en exceso, lo que podría favorecer la aparición de hongos. La frecuencia de riego dependerá de las condiciones climáticas: en épocas calurosas y secas, puede ser necesario regar cada pocos días, mientras que en periodos más frescos y húmedos, el riego será menos frecuente.
¿Cuánto tiempo tarda en crecer el arvejas?
El tiempo desde la siembra hasta la cosecha de las arvejas varía según la variedad y las condiciones de cultivo, pero generalmente se sitúa entre 60 y 70 días. Algunas variedades tempranas pueden estar listas en tan solo 50-60 días, mientras que las variedades más tardías o las que se cultivan en condiciones menos ideales pueden tardar hasta 80 días o más. Es importante observar las vainas: cuando estén llenas y firmes, pero antes de que las semillas se vuelvan demasiado grandes y duras, es el momento ideal para cosechar. La cosecha regular estimula a la planta a producir más vainas, prolongando así el periodo de producción.
